Narrado por Gabriel Calvelli
La madrugada en Olimpia era un manto de silencio azulado, solo interrumpido por el goteo rítmico de la lluvia que terminaba de escurrir por las cornisas. Me había quedado dormido sentado en el sofá, con la espalda contracturada y la cabeza apoyada en el respaldo, pero no me importaba. El peso de Isabella sobre mis piernas era el ancla más dulce que había sentido en meses.
Sentí un movimiento leve. Isabella empezó a removerse, desperezándose con la lentitud de un fel