Narrado por Gabriel Calvelli
El vapor del baño todavía flotaba en el pasillo cuando la puerta se abrió. Isabella salió envuelta en una sudadera gris tres tallas más grande que ella. Las mangas le cubrían las manos por completo y el dobladillo le llegaba a la mitad de los muslos. Tenía el cabello húmedo, peinado hacia atrás, lo que hacía que sus ojos ámbar parecieran aún más grandes y vulnerables bajo la luz cálida de la sala.
Me quedé petrificado en el sofá. Verla así, con ropa de deporte y sin