Narrado por Gabriel Calvelli
El humo todavía se desprendía de nuestros trajes de protección mientras recogíamos las mangueras en un callejón industrial de las afueras de Olimpia. Había sido un incendio estructural rápido, de esos que te dejan los pulmones ardiendo y los músculos tensos. Vargas nos había felicitado por la rapidez, y el equipo de la 12 empezaba a vernos no como "los de fuera", sino como hermanos de armas.
—Buen trabajo, muchachos —dijo Vargas, limpiándose la frente con un pañuelo