—No tengo miedo de nada —mentí, clavándole una mirada fría que usaba solo con los novatos más rebeldes—. Solo soy realista. Mi vida no tiene espacio para "novios" ni para finales felices. He visto demasiadas cosas quemarse como para creer en cuentos de hadas.
—¡Pues cuéntame! —exclamó ella, dándome un golpe en el pecho—. Cuéntame qué fue lo que se quemó tanto que te dejó este bloque de hielo en el lugar del corazón. ¿Fue una mujer? ¿Fue tu familia? ¿Qué es lo que no me quieres decir?
Me quedé m