—Sí, Gabriel. Emma dijo que íbamos a pedir comida china y ver una maratón de suspenso —respondió ella, dándome un beso rápido en la mejilla—. No pongas esa cara, mañana nos vemos aquí.
—Me temo que tus planes han sufrido un pequeño cambio logístico, Bella —dije, sin poder evitar que mi sonrisa se ensanchara.
En ese momento, Emma pasó por nuestro lado casi corriendo, arrastrando a Noah del