Odín avanzaba a través del umbral de su manada, bajo un cielo teñido de púrpura al atardecer. El pueblo, al enterarse del regreso victorioso de su rey, estalló en aplausos, gritos y silbidos que resonaban por el lugar. Los ojos de los aldeanos brillaban con orgullo al ver a su rey regresar sano y salvo de la batalla, aunque muchos no podían apartar la mirada de la mujer que lo acompañaba.
Odín, imponente, esbozaba una leve sonrisa mientras saludaba a su pueblo con un gesto de la mano. Sin embar