Con el paso del tiempo, en Nardis, las cosechas empezaron a florecer con abundancia, los ríos volvieron a sus antiguos cauces, y la alegría se esparció por todos los condados del imperio. El anciano sabio del templo de la diosa Luna, comunicó que al eliminar al descendiente de quien había ofendido a los dioses, la maldición finalmente se había roto.
En la frontera sur, un grupo de personas se aliaron para construir su propio reino, desobedeciendo las órdenes del imperio. Aquellos que intentaban