CAPÍTULO 96 — Alex, ayúdame.
Irina.
La risa de Sonya resonó en mi apartamento, y volví a darle un trago a mi café.
—Es un hijito de put@… —ella negó todas las veces diciéndolo—. Y lo peor que es que estás aquí, temblando… definitivamente Irina, no lo puedes negar… eso fue épico…
—Sonya… —ella levantó las manos.
—Está bien… no me rio, pongámonos serías… pero… —ella me apuntó con el dedo—. Dime la verdad… ¿Qué sentiste?
Dejé la taza en la mesa y me eché para atrás cerrando los ojos.
—No hace falta que me digas… —Entonce