—No tienes que ir… —Sergei tomó su brazo, y Mila lo miró un poco enfadada.
Mikhail ya no estaba en la oficina de Sergei, pero ella incluso podía sentir su presencia. Incluso se preguntó por qué todo iba en contra en su poca relación.
—Pensé que la empresa sabía de tu donación, Sergei, ¿o cómo creías que íbamos a trabajar en el proyecto?
—Aún podemos hacerlo…
—¿Sí? ¿Y cómo? Si la persona que toma las decisiones generales no estaba al tanto…
—Mila… —ella negó soltándose.
—Lo dejaremos así… m