Mila se recostó al asiento del auto, que el chofer de Mikhail le proporcionó, y le pidió la dejara en un lugar donde ella pudiera tomar un taxi, para ir a su casa. Tenía la ropa de anoche, y era mejor no enfrentar a su padre en estas condiciones.
Cuando llegó a la mansión, corrió escaleras arriba para meterse a la ducha, y puso su frente en la loza, cerrando los ojos y sintiendo de nuevo todos los estragos de las manos de Mikhail sobre ella.
Era lo mejor que había vivido sin duda alguna, y las