Mila se removió en la cama, pero cuando trató de estirarse, las punzadas vinieron a su centro, y ella parpadeó.
Puso su palma en el vientre y sintió cómo palpitaba su piel aún resentida.
Poco a poco se sentó, y luego pudo notar con la claridad del día, que había algunas manchas en esas sábanas blancas, y torció la boca.
—Dios… —Exhaló en forma de susurro, y luego puso sus manos en las mejillas.
Estaba completamente desnuda, pero solo cayó en cuenta de lo verdaderamente importante cuando ente