Anastasia.
El silencio que siguió a continuación, le dio un pitido a mis oídos, y pude ver que su mirada brillante, había cambiado de repente.
Sus ojos se pusieron algo rojos, y sentí como su respiración, aumentó.
Sin decir una palabra trabajó en los botones de su cuello, y sin apartar sus ojos de los míos, se desnudó de forma lenta, mientras yo pasaba los tragos gruesos.
Sus piernas eran muy tonificadas y musculosas, su torso firme, y sus brazos abultados, envueltos en los dibujos que lo hacía