CAPÍTULO 15 —Una boca demasiado dulce.
Anastasia.
Por un segundo miré a la mujer que se cruzó de brazos, y luego volví a los ojos del jefe que estaban esperando por mí.
—No tengo problema de que su abogada esté presente, Señor…
Detallé cierta decepción en aquellos ojos, pero bajé la mirada cuando sentí que el corazón se me quería salir del pecho.
Ajusté mis gafas, hoy había utilizado un atuendo de color gris, y viéndome en el vidrio de la oficina, pensé que había sido una mala elección. Me veía pálida como un cadáver.
Una asistente