Mundo ficciónIniciar sesiónAlexei Volkov servía té verde con manos de aristócrata mientras discutía términos de guerra como si fuera negocio inmobiliario.
La sala de reuniones del monasterio Gandantegchinlen era un estudio en contrastes. Las paredes adornadas con thangkas tibetanos—pinturas religiosas que representaban deidades benevolentes—observaban la conversación entre dos hombres cuyas manos estaban manchadas con la sangre de cientos. El aroma del incien







