—Kereem… —intentó decirle, persuadirlo, pero nuevamente fue interrumpida por el hombre que Asad sacudió.
—Ella… se está recuperando… en uno de los galpones de entrenamiento. Pero está… está mal…
Kereem apretó la mandíbula mientras su mano tembló.
—¿Recuperando? ¿De su hombro? ¡¿De qué maldit@ sea?!
El hombre alzó la cabeza, sentía que se iba a desfallecer en cualquier momento, pero necesita terminar su trabajo, porque su familia dependía de eso.
—Señor… —tomó la fuerza necesaria—. Ella… ell