Zahar…
No sentía el cuerpo.
Solo el ardor sordo en el vientre, como si algo dentro de mí se hubiese quebrado y ardiera lento, como una vela que se consume sin prisa. Solo sentía ese frío que se instala en el pecho cuando algo dentro de ti se rompe para siempre y sabía lo que pasaba, sabía lo que había perdido.
El blanco del techo era un abismo que me tragaba, y aunque no podía llorar, sentía que me desangraba por dentro.
—¿Se siente mejor? —El doctor preguntó y yo sonreí en una mueca muerta—. P