Zahar…
No escuché más.
No vi más.
Solo un sonido lejano en mis oídos. Un vacío antes de un grito que se construía en mi alma. Como si un vidrio estallara dentro de mi cabeza. Como si el mundo se hubiese quebrado, pero no en mil pedazos… sino en uno. Uno solo. Un punto negro y enorme que tragó toda la luz.
Sentí que alguien me sujetó cuando trastabillé, pero no supe quién. Tal vez fue Milo, o tal vez mis propias rodillas al rendirse.
La silla en la que caía o me sentaron estaba tan fría que pare