Zahar…
La respiración abandonó mi cuerpo.
Desaparecido.
La palabra se me pegó al pecho como una maldición.
La desaparición es un eco. Un agujero. Un espacio donde debería haber alguien. Y no está.
Tomé el aire y lo volví a soltar, caminé por la base como una sobra, nadie me miraba ni hablaba.
Eran las tres de la mañana cuando me metí en uno de los baños del servicio de la base y me quité el pasamontañas. Sentía que las costillas se me aflojan como ramas secas, y que todo el aire se me iba en u