Terceros…
Por la mañana, Naim tomó su café cargado mientras se sentó en aquel escritorio que había visto solo desde otra visión.
No supo por qué una sonrisa de triunfo inundó su boca, pero aspiró el aire, sintiendo el olor de su baño resiente, y perfume. Su cabello húmedo caía ordenado sobre la frente, y su traje oscuro parecía recién planchado, como si nada estuviera fuera de lugar en el mundo… excepto, tal vez, su hermano.
Sharid no había dormido nada. Los demás generales y él habían trabajad