Terceros…
Mientras los demás miembros del equipo comenzaban a sentarse y Emré repartía las carpetas clasificadas sobre la mesa, Kendra observaba al Emir desde el rabillo del ojo.
Los comentarios no le hacían mérito, realmente a los ojos de Kendra era un hombre realmente imponente, con una mirada tan oscura como la noche, de la que era imposible no sentirse un poco pequeña.
Incluso con todo el entrenamiento que ella había recibido en su vida.
Kendra no estaba tomando notas, ni miraba los papeles