Kereem…
Sanem detuvo todo su temblor por un tiempo determinado, sus ojos ya no tenían lágrimas y su boca ya no temblaba. Lo único que podía escuchar de ella era su respiración, que no era continua. Ella soltaba el aire, lo retenía y lo volvía a botar mientras me miraba con los ojos muy abiertos.
—¿Qué? —intentaba pasar los tragos, podía ver su garganta—. Eso… eso no… no puede ser cierto.
Mi mirada estaba fija en sus ojos y luego me despegué de su cuerpo solo para masajear mi sien.
—¿Quieres sab