Zahar…
Víctor se sirvió un trago, y luego otro, y luego otro, hasta que al final lo vi soltar el aire varias veces. Teníamos minutos en silencio y le llevó un tiempo volver a estabilizarse.
Sus manos se restregaron por su cara y luego se sentó en definitiva frente a mí, mientras en sus ojos parecía desatarse una tormenta oscura. Y su mirada, era otra cosa.
—¿Zahar? —asentí de forma lenta—. ¿Dónde está tu familia? La verdadera.
Negué todas las veces.
—No tengo una. Fui un arma para mi padre, y l