Zahar.
Mi respiración aún era irregular mientras mi cuerpo se acomodaba sobre el de Kereem, el calor de nuestras pieles entrelazadas en ese espacio que parecía ajeno al resto del mundo se había vuelto todo en este momento. Aún sentía el temblor en mis piernas, la intensidad del encuentro aún seguía crujiendo en mi interior.
Sin embargo, en medio del caos de mis emociones, sabía que lo que acababa de suceder entre nosotros no había resuelto nada. Todo seguía siendo tan complicado, tan imposible,