Ardor…
La piel le ardía cada vez que sus yemas pasaban por ella. Era como una cerilla que encendía el fuego que la quemaba entera y dejaba un fuerte ardor a su rastro, y su boca maestra solo aumentaba la desesperación de ambos.
Kereem se despegó, incluso en el punto en que Zahar ya no tenía aire. Ella notó las llamas de deseo y desesperación que ardían en sus ojos mientras la observaba, había quitado todo su vestido, y hasta allí se dio cuenta de que no llevaba braguetas ni mucho menos brasier