UN NUEVO TRABAJO.
Elara cerró la puerta del departamento detrás de ella Sara, que estaba en la cocina, vio la expresión de su amiga y se preocupó.
―¿Qué pasó?
Elara miró a Sara y las palabras se le atoraron en la garganta.
―Tenías razón ―murmuró antes de que las lágrimas comenzaran a brotar.
Su amiga se apresuró a abrazarla.
―No me digas que ese infeliz no te dio el dinero.
Pero Elara no respondió, solo continuó llorando, cada sollozo una mezcla de impotencia y rabia que había estado conteniendo