UN JEFE GUAPO.
UN JEFE GUAPO.
TRES DÍAS DESPUÉS…
Elara y Sara compartían una tarde llena de risas junto a la pequeña Rose, quien, cuando de repente, la puerta se abrió y lo que parecía ser una montaña de peluche blanco se asomó. Era un oso polar gigante, tan grande que parecía haber escapado de un cuento de hadas. Rose parpadeó varias veces, incrédula, preguntándose si todavía estaba soñando.
― ¿Eso es para mí? ―preguntó con voz temblorosa, dirigiéndose a Elara.
―No lo sé, yo…
Elara estaba tan sorprendida