NUNCA VOY A DARLE UN HIJO.
NUNCA VOY A DARLE UN HIJO.
El vapor aún se enroscaba en el aire del baño cuando Elara, envuelta en una toalla, salió de la ducha. Los azulejos fríos contrastaban con el calor que aún emanaba de su piel. Sus ojos, curiosos y un poco confundidos, siguieron la figura de Nathaniel mientras él se abrochaba los puños de una camisa blanca impecable.
― ¿Vas a alguna parte después del trabajo?
La pregunta salió suave, casi temerosa de romper la tranquila atmósfera que los rodeaba.
Nathaniel, cuyo ref