FELIZ DE SER ABUELO.
FELIZ DE SER ABUELO.
―¡No voy a dejarlo, papá! ―la voz de Natalia era firme, un faro de determinación en medio de la tormenta que se desataba en la sala.
Su padre, el señor Rinaldi, era una estatua de ira contenida, sus manos apretadas en un esfuerzo por mantener el control.
―Definitivamente, no aprendes la lección, Natalia. Primero fue tu obsesión por Lucían Landong y ahora te metes con este criminal. ¡Qué demonios he hecho para que mi única hija tenga tan mal juicio!
―¡Julián no es un crim