EN DEFENSA PROPIA.
EN DEFENSA PROPIA.
Elara correspondió el beso en un principio, pero luego se recordó en la situación en la que estaban y lo apartó.
―No, Nathaniel, tenemos que hablar, ¿de acuerdo?
Pero Nathaniel interpretó su gesto como un rechazo y la furia dentro de él creció.
―¿Qué? ¿Ahora me rechazas? ¿Es por él? ―gruñó enfadado.
Elara respiraba agitada y asustada.
―Nathaniel, ¡déjame hablar, ¿de acuerdo?! Estás tomado, y no estás en tus cinco sentidos, hablemos mañana.
―¡No! ―gritó perdiendo el control. ―q