CEDER A LA TENTACIÓN.
CEDER A LA TENTACIÓN.
―¡Auch! ― exclamó Nathaniel por tercera vez.
Estaba recostado en su escritorio, con el ceño ligeramente fruncido, mientras Elara, con manos firmes, pero cuidadosas, terminaba de colocar los puntos adhesivos sobre la herida.
―No seas llorón ―le reprendió suavemente, con una sonrisa juguetona asomando en sus labios. ―Además, ya casi terminamos.
A pesar del dolor, Nathaniel no pudo evitar sonreír. Aunque Elara estaba allí para curar su herida, no podía negar que le gustaba sen