CAPÍTULO 45: Un hombre que sabe lo que quiere
El aire en el despacho del duque estaba tan tenso que podía cortarse con un cuchillo. Leny estaba inmóvil en uno de los rincones, con los ojos muy abiertos y una palidez que hacía juego con la del propio duque. Pero antes de que una tormenta peor se desatara, ella alcanzó la puerta del despacho y caminó lo más rápido que pudo a lo largo del corredor vacío.
—Leny, espera…
—No tenías derecho… yo tenía… tenía que haber hablado con mi padre tú… tú estás