UN ESPOSO DE REEMPLAZO. CAPÍTULO 34. Un libro abierto.
UN ESPOSO DE REEMPLAZO. CAPÍTULO 34. Un libro abierto.
Irina hizo una mueca porque no podía imaginar una muerte peor a que a alguien se lo comieran los cocodrilos, pero al final Mera no era para nada una buena persona y lo había demostrado de la peor manera.
—¿Volviste a poner las señales después? —le preguntó y él asintió.
—¡Con una botella de Whisky para aguantar pero con una sonrisa en mi rostro! —declaró él—. Y luego estuve durmiendo dos días. ¡Eran señales muy pesadas!
Irina rio entre dien