Los labios de Leo se curvaron en una pequeña y enigmática sonrisa. Sabía lo que ella tramaba y no la presionó. —No sabía que tenías tantos amigos —respondió con un tono suave pero burlón, mirándola fijamente de una manera que la hizo sentir expuesta.
Cruzó los brazos, moviéndose inquieta bajo su mirada. —No tengo muchos amigos. Algunos son compañeros de trabajo y otros los conocí en el gimnasio. Aunque no sé por qué te sorprendes tanto. Tengo una vida, ¿sabes? Fuera de… todo esto. —Forzó una le