Mientras el camarero asentía y comenzaba a preparar su bebida, la mente de Susan se aceleraba. Estaba jugando un juego peligroso con Leo, y lo sabía. Pero cada vez que pensaba que estaba lista para irse, algo la detenía. Tal vez era el miedo a lo que le pasaría a Samuel. Tal vez era otra cosa. Algo en él.
El camarero le sirvió la bebida y Susan dio un largo sorbo; el alcohol le quemó la garganta. El subidón se instaló en sus venas, calmándola por un instante. Pero la tensión seguía ahí, latente