Capítulo 37 Demonios.
El dolor de la cazadora comenzó a quemar el pecho de los hombres, en especial el de Tahiel, su lobo se retorcía dentro de su ser, y un gimoteo lastimero se filtraba por sus labios.
— No digas eso Kiriko, tú no tienes por qué sentirte de esa forma. — la voz de Declan la hizo elevar su cabeza, mientras que Tahiel acariciaba su espalda buscando trasmitirle tranquilidad.
— Estoy cansada de repetir lo mismo, siempre será así, solo los rostros cambian a lo largo de las reencarnaciones. — la cazadora