El regreso de la comitiva real a la fortaleza de MoonBlood se realizó bajo un cielo plomizo que amenazaba con una nueva nevada.
Darek marchaba al frente de sus guerreros, erguido sobre su semental negro, pero detrás de su máscara de imperturbable compostura ardía un fuego de ira contenida. Cada piedra del castillo que se alzaba ante sus ojos le recordaba la prisión invisible en la que había vivido durante cinco años. Sin embargo, el Rey Alfa sabía que mostrar sus cartas antes de tiempo sería un