Me dieron un hermoso trofeo, que pesaba una tonelada. La sujeté con las dos manos porque parecía estar cargando a un elefante, y se lo mostré a todo el público que no dejaba de cantar, vivar mi nombre y aplaudir trepidando todas las puertas y ventanas del estadio. Me despedí de ellos, sonriendo, alzando una mano, abrazada de Marcial, rodeada de Gina, Maggi, Heahter y Ashley. Mis amigas lloraban, no dejaban de llorar y yo reía. Mi sonrisa estaba estampada en mis labios.
Después de ducharme f