-Señor Boniek, su bebé es varoncito-, se le acercó una enfermera, con la voz serena, apacible, igual a un viento sutil, acariciando la tarde.
Marcial miró la carita de ángel de su hijo y las lágrimas le chorrearon a cascadas por las mejillas. Se deleitó con la naricita chiquita del pequeñín, su frente amplia, su boquita deliciosa, tratando de dibujar una mueca graciosa y se convenció que era igualito a él. Tembló de emoción, quiso tocar sus deditos, pero se contuvo, y de inmediato se aupó p