El estadio seguía en silencio. Los treinta mil espectadores estaban estupefactos, entumecidos, sin reacción y ciertamente admirados de lo que yo hacía en la cancha. Lo único que escuchaba eran los gritos de Marcial, celebrando cada punto que iba sumando. -¡Bien, Katty!-, decía una y otra vez.
Cuando me puse 3-0, Gina y Maggi empezaron a gritar, también, eufóricas, saltando y dando puñetazos al aire. Ashley me decía que siguiera aporreando a Evand. -¡Sigue, sigue, sigue!-, decía también contag