El pasillo del hospital se tragó los pasos de Ivanka, resonando como martillazos en el silencio postraumático. Serguéi caminaba a su lado, su presencia una sombra sólida en medio del caos emocional que emanaba de ella. Al sentir su suspiro profundo, cargado del peso de Stlevana y la promesa hecha, volvió la cabeza.
— ¿Estás bien? — preguntó, su voz un bajo ronroneo de preocupación.
Ivanka no disminuyó el paso. Su perfil, tallado en mármol pálido bajo las luces fluorescentes, apenas se inmutó.
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