Capítulo 34: Sonrisas peligrosas.
La sede de la DIGE olía a desinfectante, tensión y fracaso. Gianni entró con paso firme, ya vestido con un nuevo uniforme táctico negro impecable, su máscara de agente letal perfectamente ajustada. Ignoró las miradas furtivas, los murmullos que surgían a su paso. Se dirigió a su oficina.
Cerro la puerta tras de sí, el silencio repentino después del bullicio de los pasillos fue un alivio momentáneo. Se dejó caer en la silla giratoria de cuero gastado, inclinó la cabeza hacia atrás y cerró los ojo