La decisión de Gael me mantuvo despierta toda la noche.
Lo vi luchar con ella. En la forma en que apretaba la mandíbula, en cómo sus manos no encontraban descanso, en la manera en que me miraba buscando una respuesta que yo no podía darle.
A la mañana siguiente, llamó a Willson.
—Acepto —dijo, sin preámbulos—. Pero con una condición.
—Dime —respondió el fiscal, su voz fría al otro lado de la línea.
—Todo será por las vías legales. Nada de sangre, nada de ejecuciones. Usamos las pruebas, los tri