La decisión llegó después de una noche en vela.
Gael entró en la cocina con las ojeras marcadas y esa expresión que ya conocía: la de haber estado dándole vueltas a algo hasta encontrarle la vuelta. Me sirvió un té, se sentó frente a mí y me miró a los ojos.
—Vamos a seguir trabajando con Víctor —dijo.
No fue una pregunta. Fue una declaración.
—¿Estás seguro?
—No. Pero es lo único que tiene sentido. Necesitamos su conocimiento, su experiencia, su forma de pensar. Si vamos a adelantarnos a los t