La Confrontación con Isabel
El aire en el pasadizo oculto era denso con la tensión. El guardián, una imponente figura cuya armadura llevaba el emblema de Eldoria, permaneció inmóvil. Sus ojos, ocultos bajo el yelmo, parecían escanear cada fibra de Kaida. El alfil de cristal, apretado en su mano, emitía un suave resplandor, una luz que respondía a la presencia del guardián.
—La sangre de Eldoria… —murmuró el guardián, su voz resonando con una mezcla de asombro y reverencia—. Es imposible. El lina