Me senté en mi escritorio mientras Danae dormía profundamente. Cerré los ojos por un momento, tratando de organizar mis ideas. Había mucho que asimilar. Entre la sorpresa por el beso, las inseguridades de Lucero sentía que estaba en medio de todo... y a la vez, al margen de muchas cosas.
La puerta se abrió de nuevo y, para mi sorpresa, Lucero asomó la cabeza. Parecía más tranquila, pero sus ojos todavía reflejaban nervios.
—¿Puedo entrar?
—Claro —sonreí, señalando la silla frente a mí —. Aunque