Me sentía feliz por regresar a la oficina. Sabia que de cierto modo esto tranquilizaba a Aziel porque me tenía cerca y bajo su territorio.
Salimos de casa junto a nuestra pequeña y Armando quien se encargó de llevarnos hasta la compañía.
Cruzamos aquella puerta agarrados de manos, demostrando que estamos más unidos que nunca.
Aziel llevaba en su otra mano la carguera donde iba una Danae dormida plácidamente. Subimos al elevador juntos y al llegar a mi piso bajamos ambos.
Lucero al vernos so