Volver a esa oficina no fue una decisión fácil. Sabía que no pasaría desapercibida, y mucho menos con Danae. Pero ya no tenía intenciones de esconderme. El miedo había sido un huésped demasiado largo en mi vida, y hoy, por primera vez en mucho tiempo, decidí caminar con la frente en alto.
Crucé la recepción con paso firme, con mi abrigo ligero cayendo sobre mis hombros, y el cabello suelto como una declaración. Detrás de mí, Armando, siempre impecable y serio, venía caminando con Danae en una c