El auto se detuvo frente a la imponente mansión de los Carter. Sentía el estómago revuelto, no solo por los nervios, sino por la rabia contenida desde que nos enteramos del escándalo.
Los titulares aún retumbaban en mi cabeza como un eco hiriente:
"La hija de Aziel Carter no es suya", afirman los padres del empresario.
Aziel salió primero del auto, la mandíbula tensa, los ojos llenos de una furia helada que pocas veces había visto en él. Marlon y Mia bajaron a su lado, como dos columnas decidid