Los dos meses siguientes a nuestra boda fueron los más intensos y hermosos de mi vida. Ver a Ivanna despertar cada mañana a mi lado, besar su frente y sentir los movimientos de nuestra hija. Porque estaba más que seguro que sería una hermosa niña.
Me volví adicto a hablarle a esa pequeña que aún no conocía, pero que ya amaba con todo lo que era. Cada patadita suya era una respuesta, una promesa de que pronto estaría con nosotros.
Me preparé para su llegada con una mezcla de alegría y miedo. Mi