Luego de aquella tarde llena de paseo llegamos a casa para descansar un poco antes de salir en la noche.
Lucero, Mia y Marlon se quedaron en la sala mientras Aziel y yo vamos a la habitación a cambiarnos y ducharnos.
—No siento mis pies, pero estoy feliz.
Musite acostándome sobre la cama mientras mis pies se relajaban.
Aziel desabotonó su camisa retirándosela. Se acercó sentándose al borde de la cama tomando mis pies y masajeándolos suavemente.
El se encargaba de tratarme como una complet